Tu cuerpo es sabio y está compuesto por una increíble red de millones de células, cada una con una función específica, todas trabajando juntas… ¡por ti! Igual que las personas en una comunidad, cada célula tiene una misión especial.
Por ejemplo, las células de tus ojos captan la luz y la envían al cerebro. El cerebro transforma esa luz en imágenes, formas y colores que tienen sentido. Y con esa imagen, toma decisiones y envía órdenes al resto del cuerpo. Si hay mucho sol, quizá le diga a los ojos que se entrecierren. Si hace mucho calor, le ordena a la piel que sude para refrescarse. Si ves una piscina en un día caluroso de agosto y te emocionas, tu cerebro envía señales a tus músculos para correr y zambullirte.
Todo esto lo hace sin que tengas que pensar en cada paso…
¡Tu cuerpo ya sabe cómo hacerlo!
¡Tu cerebro simplemente lo sabe!
Tu cerebro determina cómo te mueves, cómo sientes y cómo vives. Te permite soñar, amar y sentirte libre.
Pero para que cada célula cumpla su función, necesita libertad. Y hay cosas que limitan esa libertad. En quiropráctica lo llamamos las tres T: Toxinas, Traumas y Tensión derivada por pensamientos negativos.
Pregúntanos sobre las tres T y verás cuánto pueden afectar a tu salud.
Las toxinas pueden dañar las células, impidiendo que hagan su trabajo. Los traumas físicos (como caídas o golpes) también interfieren. Y los pensamientos negativos envían mensajes dañinos como “no puedes” o “es inútil” y puede generarnos tensión.
Cuando estas “T” se acumulan, el cerebro activa el poder curativo natural del cuerpo: la inflamación. Aunque a veces la llamamos “enfermedad”, en realidad es un proceso natural de sanación y defensa del cuerpo.
Lo mejor de todo es que nuestro cuerpo está tan bien diseñado, que muchas veces, lo único que necesita para sanar es descansar, alimentarse bien y recibir un buen ajuste quiropráctico.


